miércoles, 24 de septiembre de 2014

Conciencia social y otros cuentos ilustrados

Ayer salí relativamente pronto de clase, a las ocho de la tarde. Durante el paseo de regreso a casa, nadando a través de un torrente de personas, algo me hizo reflexionar acerca de mi papel en la sociedad. Del papel de cada uno, vaya. Crucé la mirada con algunas personas, lo típico, y por unos segundos tuve la sensación de que gritaban en silencio, de que pedían ayuda. Entonces, creí caer, por fin, en cuál es el motivo de la constante decadencia de los núcleos sociales. Es muy sencillo: no hay sociedad. Así es. La sociedad no funciona simplemente porque no hay sociedad.
El sistema capitalista tiene muchas ventajas, y entre ellas se encuentra que es el sistema conocido que mejor se adapta a una sociedad tan densa y globalizada como la actual. No obstante, como todo, tiene sus defectos, y uno de ellos es la excesiva importancia que da a la rivalidad y a la competitividad.
Imagino que ya podréis oler por dónde voy. Exacto: el individuo ha pasado de ser concebido como un semejante y ha adquirido el rol de rival. Incluso de enemigo, en algunos casos.  Este sentimiento de rivalidad desemboca en el desprecio al que consigue el éxito a nivel social, ya que, a nuestro modo de ver, su mejor posición hace que su vida sea mejor, ¿por qué mejor? Porque cumple con el propósito que el sistema le otorga: ganar más y consumir más y, sobre todo, mejor. En nuestro afán por competir, volcamos nuestra rabia y frustración en esa persona, ya que eso es lo que nos alimenta, lo que nos anima a darlo todo por superarle. De este modo, cuando lo superamos, encontramos otro blanco de un rango superior, y así una y otra vez, hasta que nos morimos. Vivimos en el sistema del "mal rollo".
Esta, entre otras, puede ser una de las principales razones del crecimiento del número de personas antisociales, gente poco tolerante a la competitividad forzada a vivir en un mundo que no se ajusta a su forma de entender la vida.
¿Es, pues, este foco de envidias la causa primordial de que nuestro país sea tan débil (haciendo referencia al famoso tópico de que el español es envidioso por naturaleza)? En ese caso, ¿por qué parece afectarnos más a nosotros que a la mayoría de países europeos? ¿Necesitamos estar en sintonía para que podamos salir adelante y, por fin, salir del bache?

Para afrontar este asunto más en profundidad necesito hablaros del Psyleron. Porque solo yo puedo meter física cuántica en una entrada de sociología. Bueno, solo yo no, es una forma de hablar.
Un reputado psiquiatra, el Dr. José Miguel Gaona, definió el Psyleron como un aparato que mide una serie de fluctuaciones cuánticas que se traducen en "unos" y "ceros", todos ellos generados al azar. Disculpadme si no lo he explicado bien, pero no soy físico. Si queréis una explicación mejor, debéis escuchar al propio Gaona (es un gran divulgador) en este vídeo. De paso, entenderéis mucho mejor el contexto general de la entrada.

Si no queréis verlo (aunque, insisto, deberíais), os dejo aquí un breve párrafo que lo explica muy bien:
"El Psyleron es un aparato que genera aleatoriamente ceros y unos. Los resultados los vuelca en las gráficas que podéis ver a continuación. Si los resultados se encuentran dentro de parámetros considerados de "azar" la gráfica no debe de sobrepasar las líneas curvas que van desde el punto cero abriéndose hacia la derecha. Por el contrario si sobresalen (marcado en rojo) tanto por encima como por debajo de dichas campanas "algo" está influyendo sobre la máquina y su azar (¿Emociones?)"



¿Qué razones tiene para meter las emociones en todo esto? La respuesta, insisto, en el vídeo.

Visto esto debemos ser conscientes de lo importante de esta pregunta: ¿de qué seríamos capaces si fuéramos todos a una? Uno, tras visualizar estos documentos, es casi incapaz de dudar que la crisis ha sido un golpe de gracia que ha dejado a la sociedad española casi moribunda, siendo el pesimismo una ponzoña que, si bien sabe dulce (la autocompasión es un consuelo muy peligroso), también mata poco a poco por dentro. Quizá el hecho de que la crisis fuera más fuerte aquí (menos poder económico + burbuja inmobiliaria, incluido el fuerte shock de pasar de la prosperidad a la ruina) fue decisivo para que la sufriéramos entonces y la estemos sufriendo ahora mismo más que otros países.
Este estado de pesimismo se traduce en la conversión de ideologías complejas y profundas en meros clichés. Nos da miedo la profundidad de la piscina grande por si volvemos a tragar agua, así que nos apiñamos todos en la piscina de los críos, y claro, ni cabemos todos ni podemos nadar. ¿Un ejemplo claro? la "transmografía" de movimientos tan loables como el feminismo, el cual ha acabado convirtiéndose en un brazo radical de la izquierda rancia (otro cliché), obviando el verdadero significado del movimiento y acatando normas y leyes de conducta que no se adaptan a las exigencias del panorama nacional. Debo añadir que bien cierto es que ni los yanquis se salvan: esto, aunque parezca mentira, se publicó en el Huffington Post: versión original en inglés - versión traducida al castellano. No obstante, no podemos comparar el peso que tiene allí el buen feminismo con el que tiene en España. En este país sufrimos la consecuencia de la gran depresión del 2008.



¿A qué se debe el nacimiento de estos movimientos radicales que tergiversan la idea base del movimiento que pretenden emular? Muy fácil: estos movimientos, en su versión original, se basan en la unidad, en el colectivo puro, en la cooperación. Cuando no tienen ese alimento base, se convierten en una versión oscura y corrupta del mismo. ¿Qué mueve al feminismo? La voluntad de crear un mundo mejor basado en la igualdad entre sexos. ¿Qué mueve al "feminismo"? La sed de venganza, el resentimiento ante un "sistema patriarcal opresor" que ha hecho la vida imposible a las mujeres, según las fieles al movimiento. En casos muy extremos, no palidecen al considerar que todos los hombres, no solo a los que ellas llaman "machirulos", son poco más que un lastre del que deben deshacerse para ser libres y felices.
Pese a que no son pocas las mujeres que portan con orgullo el estandarte del "feminismo", el movimiento y la actuación dentro del mismo es extrañamente muy individualista; cada una va a su bola, no hay cooperación, sino mera concordancia en las ideas y los argumentos. No hay unión, no hay fuerza, no hay alimento.
Pero en fin, ya habrá tiempo para hablar del feminismo y del "feminismo". En su día me dejé muchas cosas en el tintero. Pero mientras, podéis ir viendo el discurso que dio Emma Watson como embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas.

Volvamos a lo del Psyleron. La unión hace la fuerza, y este aparatito parece dar un sentido estrictamente literal a la expresión. Si esto de verdad es así, ¿qué cosas no seremos capaces de hacer con un poco de determinación? ¿Somos conscientes de hasta dónde alcanzan nuestras capacidades? Últimamente veo mucha gente poniendo por los suelos la propia idea del ser humano, pensando que somos la última gran mierda del universo. Volvemos a la ponzoña de sabor dulce. Una última gran mierda no habría conocido el arte; pero es más fácil darse por vencido y considerarse incapaz que actuar. Parece ser que es más fácil aceptar las consecuencias de un destino caprichoso. ¿Pero y si esa concepción del destino cambiara? ¿Y si el destino fuera algo que nosotros podemos manipular o, por lo menos, desviar o reconducir en pro de nuestros intereses? Se abre un abanico de posibilidades, desde luego. Acabemos con una última conclusión que, espero, os haga pensar:

Si la mente puede actuar sobre la materia, ¿qué no pueden hacer millones de mentes unidas por un propósito común? La democracia no es un estado institucional, es un estado mental. Pensadlo y, si os atrevéis, actuad en consecuencia.


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