Nos vieron como quisimos que nos vieran, nos ven como no somos,
y nos seguirán viendo como ellos quieran vernos.
Porque en eso se ha convertido ser español: un reflejo de lo más vulgar, lo más bruto, lo más pueblerino, lo más cañí, lo más "out", lo menos glamouroso, lo más inculto, lo más cerrado de miras, lo más ni-ni, ser el centro de las burlas de medio mundo y toda serie de afectuosos apelativos: el corruptela, el chorizo, el funcionario impuntual, el vago, el pretencioso, el fanfarrón, el borracho, el mentiroso, el malhablado, el machista, el fascista, el franquista, el cutre, el racista, el homófobo, el cutre (otra vez), el atrasado, el retrasado, el que unta supositorios en una rebanada de pan, el relasin cap of café con leche in plaza mayor, el mesié le diputé, el cani, el que hace la del partner, el Rubius, la eterna copia de "todo a 100" de cualquier cosa, el que quiere y no puede, el que se cree el cuádruple de lo que es, el que mata toros por diversión, el que masacró toda América y parte del extranjero (y se llevó el oro), el de la inquisición, el devoto, el que ama a la Virgen por encima de todas las cosas, el bailaor, el que cree que un desfibrilador sirve para hacer espetos, el que cree que Hemingway es una marca de máquinas de coser, el siestero, el fiestero, el que come y cena tarde, el único que no lleva pulserita de todo incluido en el hotel... en resumen, la encarnación del Spain is different de Fraga.
Lo peor no es ya que los extranjeros nos vean así, sino que nosotros mismos nos repudiamos y vanagloriamos por ser así (que se tome una perspectiva u otra depende inexorablemente de la ideología). Nos han dado un cuadro enmarcado a tamaño real de un torero, nos han dicho que es un espejo, y tontos de nosotros, nos lo hemos tragado; pero ojo, lo gracioso del asunto es que ese cuadro lo hemos pintado nosotros y no nos acordamos.
En España sigue muy viva la división radical, absoluta y absurda que nos llevó a una guerra hace casi un siglo, no hay más que ver el panorama. O eres un facha cabronazo, misógino y sádico torturador de animales o eres un rojo, un perroflauta mugroso y desharrapado que se lleva una estampita de Pablo Iglesias a los exámenes y que, si suspende, pone finos a los profesores pero oye, eso sí, con buenas formas y un discurso muy educado. En la carrera de magisterio.
Si os interesa mi opinión, os diré que repudio tanto la derecha como la izquierda. Uso constantemente una analogía que suele describir de manera muy gráfica las razones de mi rechazo ante esta división de ideologías: uno se puede tapar un ojo, ya sea el derecho o el izquierdo; verá con más detalle y podrá centrarse mejor en lo que le interesa, pero igualmente, habrá dejado de ver el 50% de la realidad y habrá perdido la noción de la profundidad.
La derecha con sus conservadurismos absurdos, su defensa ciega de lo tradicional y su visión dogmática de la religión; la izquierda con su progresismo ciego, su eterna lucha por un fin utópico que no es adaptable a la sociedad actual y la fe ciega en la bondad y laboriosidad de la gente, todo ello enmarcado con un populismo que da arcadas. Sé que son dos retratos muy estereotipados de las dos ideologías, pero OH, VAYA, resulta que ese es el problema: la división ideológica española es así, estereotipada a más no poder.
Soy consciente de que hablar así, cuando aquí vivimos casi 50 millones de personas, es generalizar demasiado, pero no perdamos la perspectiva. No estoy hablando de pensamiento individual, sino de corrientes de pensamiento e ideologías colectivas, representadas por partidos políticos, organizaciones y máximos mandatarios. Pero qué queréis que os diga, considero que hay puntos muy interesantes y dignos de estudio y consideración tanto de la derecha como de la izquierda. No hay malos ni buenos, siempre y cuando no lleguemos a los extremismos, y tengo dos argumentos en forma de nombre a mi favor: Hitler y Stalin. No os engañéis, da igual la ideología o el bando, la misma escoria son.
¿Sabéis qué es lo que alimenta esta división tan marcada?: el forofismo. Sí, sí. El mismo forofismo que existe en el fútbol. De hecho, es una manera muy efectiva de canalizar el instinto territorial de los seres humanos, mediante duelos de ideologías y encuentros deportivos nos ahorramos invertir mucho en metralletas. Y bueno, algo que está muy a la orden del día, el asunto de la moda y las marcas. De hecho, los partidos políticos son marcas, más que representantes de una ideología. Fijaos en cómo están diseñadas sus respectivas identidades visuales, todas basadas en el mismo principio que el que siguen las empresas: buscan consumidores, no votantes ni simpatizantes. Muchos votantes del PP o del PSOE tienden a simpatizar con estos partidos por el color, y esto no es una broma de mal gusto. Si bien no es determinante, suele ser un primer paso muy importante.
Es a partir de aquí cuando muchos sacarían a colación el consumismo, lo malo que es el sistema, que Wall Street se está cargando el mundo, muerte al dinero, anarquía y cerveza fría...
¡El sistema es el enemigo!
Y yo digo que no.
paeyo kavron stas defendiendo l sistema erez 1 d eyos xdxd
Digo que no por una sencilla razón: sin el sistema actual, estaríamos muertos.
Sí, es una afirmación muy tremendista; lo hago para que sigáis leyendo y no os durmáis. Lo cierto es que, si bien creo que el sistema actual tiene en ocasiones un trato muy poco humano para con los humanos, valga la irónica redundancia (echadle un vistazo al Cuarto Milenio de ayer (13 de Julio de 2014), con el asunto de la conspiración del sexo; es muy esclarecedor), es también la razón de que el mundo occidental viva con un cierto nivel de equilibrio. Vamos a partir de que la idea de que un mundo feliz, donde no hay pobreza ni guerras es una utopía que ni siquiera deberíamos considerar, eso para empezar.
-¡Eso es lo que te ha hecho creer el sistema!
No, eso es lo que me hace saber el propio ser humano. Somos animales territoriales que cuanto más tienen, más quieren. Siempre habrá conflictos y desigualdades. Siempre.
Partiendo de aquí, es importante saber que todo está muy bien pensado, que el sistema es una red que favorece el flujo de información y recursos cuya naturaleza no es puramente maléfica, sino que es producto del afán y la necesidad de organizarse, de la evolución de sistemas primigenios (o de un mismo sistema que no se destruye, sino que se transforma [¿os suena?]) que se adapta a las necesidades de la sociedad del momento. Si no es con este sistema, ¿cómo narices controlas a una población tan tremendamente densa? El sistema es el orden, sin sistema habría caos. El sistema siempre ha estado presente, lo que ocurre es que ahora somos más conscientes de su presencia, no en vano vivimos en plena era de la información. O de la desinformación, vaya; porque todo esto tiene un doble rasero bastante negro.
No puedes pedir la desaparición del sistema. El sistema está anexado a la propia naturaleza humana, de modo que está unido a ti de manera inexorable. Es como el pack indivisible de los zumos Hacendado, es indivisible. Incluso más, diría yo. Es una propia extensión del ser humano que sirve para organizar grupos ingentes de otros seres humanos, nosotros somos el sistema y el sistema forma parte de nosotros. Suena muy sectario, pero no. Sé lo que quiero decir.
De la misma manera, no podemos forzar o retrasar el cambio de sistema, porque tiene sus ciclos, tiene su evolución natural. Se puede intentar, vaya, pero no es aconsejable. Un buen ejemplo es lo que se ha hecho con el sistema capitalista; la crisis económica actual es consecuencia directa de haber estirado al extremo un sistema que ya daba sus últimos coletazos a finales del siglo XX. Y vaya, le quedan tres telediarios; sí, sí: vamos a vivir la muerte del sistema actual.
Y, haciéndome servir de un cruel giro de guión, os voy a explicar de inmediato por qué existen los hipsters.
¿No os recuerda la educación actual a una fábrica? Los grados, los cursos, pasar de clase a clase entre intervalos cíclicos inmutables... ¿no parece la fabricación en cadena de Tiempos Modernos?
Exacto. De ahí viene todo. Yo soy un ferviente creyente de la ley de causalidad: no hay acción sin reacción, y esto se aplica a niveles universales. Este individualismo "hipsteriano" creciente y este afán de ser diferentes, de vestir como nadie viste, de escuchar la música que nadie escucha... es una respuesta directa e inconsciente a la toma de conciencia que se ha adquirido durante estas dos últimas décadas de que vivimos en un sistema que fabrica humanos sin hacer distinción y sin pararse en individualismos para hacer funcionar la gran prodigiosa máquina de la economía. Y aquí es donde el sistema ha dado su golpe maestro: ha convertido lo hipster en una moda capitalista más.
Un momento, un momento, un momento. ¿Estoy hablando mal del sistema? ¿No acabo de decir que es necesario? Sí y sí.
El sistema, ¿me gusta? No. ¿Lo necesitamos? Sí. A muchos os sonará a Batman.
No nos engañemos, este sistema es lo mejor que tenemos para sustentar la población mundial a día de hoy. No obstante, es terrible que haga depender a la gente de una necesidad vital tan falsa como lo es el trabajo. Esto me lleva de nuevo a España, y a esa lucha terrible por encontrar trabajo. Solo hay un dios, el trabajo, solo pensamos en una cosa, en trabajar y producir. Eso me da asco, mas admito que es necesidad. Me da asco porque anula el espíritu crítico de la gente. La gente ya no piensa, no pregunta, no se cuestiona nada, sólo busca formarse para producir y, después, producir, producir y producir hasta morir. ¿Qué eres si no trabajas? Un despojo social. ¿Alguien sabría decirme, con argumentos firmes, qué criterio razonable puede seguir esta afirmación? ¿Acaso no vales nada si no produces? ¿Eres mala persona por ello? Es algo que todos tenemos enterrado en nuestro subconsciente, yo incluido, no penséis que voy de Mesías, de especialito, de ser superior que no se deja influenciar por todo esto, porque no. Yo pongo a parir a la gente, y al mismo tiempo me pongo a parir a mí.
Como he retomado el asunto de España, sigo con ello para terminar. Me da bastante lástima que se reniegue de lo español porque existe esa predisposición a que es la máxima expresión de lo cutre y lo cañí. No somos capaces de ver nuestras cosas buenas, nuestro potencial oculto. Hace mucho que la bandera de este país es vista como un símbolo de lo retrógrado; es que, de hecho, sigue habiendo dos banderas, dos Españas, a veces da la sensación de que nada ha cambiado desde la Guerra Civil. La realidad es la misma, solo que en un contexto menos violento: dos bandos, irreconciliables, enfrentados entre sí por imponer sus ideales porque creen a pies juntillas que eso es lo mejor para todos. Ya no digo que haya cuatro individuos que, desde la sombra, se las ingenien para mantener esta situación porque les conviene, que nunca se sabe, pero no voy por ahí.
Sinceramente, creo que los culpables de esta situación somos los propios españoles, nuestra legendaria afición por malmeter y prejuzgar lo que se sale de la norma (males que vienen del franquismo, casualmente cuando empezó a transmitirse la imagen de España al mundo. Basta con echarle un vistazo a los estereotipos que llevamos por bandera para contrastar esta información) y la indiferencia. Sí, indiferencia. ¿Qué ha sido del 15-M? Ha pasado de ser un movimiento de genuina indignación que nos ilusionó a todos a ser un vago argumento de una izquierda movida por la utopía del mundo feliz.
¿Por qué roban los políticos? Por la misma razón por la que hay hipsters, por esa masiva respuesta individualista, porque hacer piña va en contra de la corriente (que no moda) actual. Un político, un banquero, un empresario... ya no entona el "uno para todos y todos para uno", sino el "sálvese quien pueda"; pero ojo, eso está dentro de todos y cada uno de nosotros, que vivimos durante estos días.
Pensadlo, ¿por qué jugamos a la lotería? Para ganar unos millones y olvidarnos de trabajar. ¡Vaya, hombre! ¿Vida resuelta? Piensa en cómo era la sociedad hace quinientos años. Esa felicidad absoluta vinculada al poder económico es falsa e infundada, y la mejor manera de vender esta realidad es mediante la exhibición de "celebrities" chachifelices de la muerte porque pueden permitirse un yate de seis pisos. Hoy en día, hasta el más luchador de los obreros ignoraría a sus camaradas y jugaría a la lotería con el fin de escapar y olvidarse de este sistema para el que no somos más que herramientas producidas día a día con cada nacimiento; sin saber que, ganando la lotería, estaría metiéndose aún más en ese sistema.
Aquí va algo de consuelo: pensad en la ley de causalidad. Todo lo que sube, baja. Pero todo lo que baja, vuelve a subir. Lo dejo caer.
Bota y bota la pelota.
Bota y bota sin cesar.
Hasta que llega el señor Paeyo.
Y de una patada la manda a pastar.
Dependemos del sistema, pero también dependemos del Sol, y no es ni más ni menos que el verdugo en la crónica de la muerte anunciada de nuestro planeta. Así es, cuando toméis el Sol o digáis "ay, gracias, Solito mío, por este día tan hermoso", pensad en ese árbol, esa montaña, esa mariposa... y reparad en que lo último que verán será el Sol abalanzándose sobre ellos (metafóricamente, porque las montañas y los árboles no tienen ojos, y cuando esto pase no habrá mariposas).
