Esto es, en cierto modo, una secuela del post anterior, ya que no dejo de abandonar el tema de los puntos flacos de la humanidad, si bien esta vez ya va todo más enfocado al ámbito sociológico nacional. Ha abdicado el rey, señores. Y Podemos, el partido del mediático Pablo Iglesias (casi escribo Julio, lo digo muy en serio), así como ha cerrado toda una serie de bocas, ha abierto otras tantas. En cuanto a lo que pienso de podemos, os hago "copypaste" de algo que publiqué en Facebook:
Sin que sirva de precedente, voy a dar brevemente mi opinión por aquí.
Todo este asunto de Podemos y el señor Pablo Iglesias me tiene bastante picado últimamente. No lo voy a negar, no me fío.
No me fío de un señor que trae unos postulados revolucionarios hasta el punto en que estos podrían llegar a poner en serio peligro el chiringuito bipartidista que tiene montado el PPSOE pero que, irónicamente, parece TAN respaldado por el gremio de los medios de comunicación, esos mismos medios que están a completa disposición de los individuos con más poder del país. Pero vaya, resulta que este señor sale en TODAS las cadenas. Brota de la nada y de repente está en boca de todos.
Y a ver, no, no estoy hablando de Illuminati, de masonería ni de tonterías por el estilo. Ni siquiera insinúo que Iglesias esté metido en el lío, puede que simplemente le estén dejando soltarse “para ver qué pasa”. Basta con ver entrevistas a ex miembros de la KGB y otras agencias de espionaje para darse cuenta de los chanchullos que se pueden llegar a ingeniar los gobiernos con tal de mantener a la población a raya, incluidas tácticas que requerirían de más de dos décadas para llegar a aplicarse de manera satisfactoria. Hablo de realidades contrastadas y documentadas, no de reptilianos del MK Ultra. ¿Que para qué puede servir esta “táctica Podemos”? Fácil: para calmar a la población. Para hacerle creer que tiene un superhéroe. Para paliar la necesidad de revolución.
No soy partidario de revoluciones, ni de repúblicas, ni de dictaduras, ni de rojos ni de azules; sino más bien de vivir con los pies en la tierra. De que no monten una realidad por mí, sino de que me den los medios para que yo mismo pueda interpretarla en base a mis capacidades. Detesto el populismo, detesto la demagogia, detesto la búsqueda exhaustiva del comentario chachichupipandiguay que solo vaga en pos de llevarse todos los “likes” habidos y por haber.
Lo que a ellos les conviene es enfrentarnos, decir “esto es rojo, esto es azul; hala, peleaos para decidir cuál es más bonito”. Añadieron el rosa hace unos años, y ahora han metido el verde y el morado. Sin olvidar el dorado y las cuatro franjas rojas con esa estrellita tan bonita.
Sonará utópico y hasta cantoso, pero mientras me quede humanidad, pasaré de entrar en estos juegos absurdos y le daré al mundo los colores que a mí me dé la gana.
La política es necesaria para la administración, el control y la representación de la voz de sociedades masivas, pero no la política tal y como la conocemos. Yo hoy solo veo autómatas repitiendo una y otra vez lo malos que son los políticos y metiendo chorizo en sobres electorales para hacerse los héroes (oh, dios mío, deben de estar temblando ahí arriba). Hasta este punto nos han llevado, hasta creer que no tenemos derecho a tener control sobre nuestras vidas. El problema ni siquiera es el sistema. El problema es que fallan muchos resortes. El pueblo es una de las piezas fundamentales y está rindiendo al 20% porque le han educado de manera que éste tiene que creerse a pies juntillas que ese 20% es en realidad un 100%.
Para muchos ya es tarde, ya les es inconcebible otro modelo de realidad, pero algunos aún podríamos hacer mucho más. ¿”Podemos”? Me parece un engranaje más para una máquina que tiempo ha dejó de ser funcional. Puede parecer muy bonito y muy reluciente, pero si su fin es servir de refuerzo a un sistema que no está bien estructurado o, podría decirse, debidamente actualizado, nos vamos a quedar en las mismas.
Voy a dejar de lado el hecho de si me fío de Podemos o no, porque no es lo que quiero tratar. Sin embargo, quiero someter a análisis la reacción del pueblo ante este partido.
Me ha sorprendido la reacción de la gente, no os voy a mentir. En cierto modo, aunque me lo esperaba, me ha decepcionado. Hay un fenómeno fan muy extendido sobre Podemos, y eso me invita a cuestionar si somos más manipulables de lo que pensaba en un principio, y ojo, que empleo el plural inclusivo. El plural inclusivo de la leche, el que nos incluye a todos, pero a todos, toditos, todos.
Como ya sabemos, el pueblo está harto del PPSOE, está harto de Rajoy, de Ana Botella, de Rubalcaba... en fin, estos señores de la tele. En esta situación tan delicada, es lógico que la gente busque alternativas. Han nacido varias últimamente, pero la que más pegada ha tenido ha sido la de un profesor de ciencias políticas llamado Pablo (otra vez) Iglesias, ¿por qué? Sencillo: promete dar lo que pide la mayoría. Así de claro. Pero claro, eso es lo que dicen ellos, falta devolver la jugada y hacer la preguntita de turno: ¿podéis cumplir todo lo que prometéis? Pese a que, en mi opinión, su política tiene una serie de argumentos que se hunden al ser poco más que meras utopías, bien debo decir que veo algo de sentido común en su programa. No obstante, la mayoría de lo que propone siembra en mí poco más que duda en cuanto a viabilidad. Pero ya digo, no es eso lo que quiero discutir.
Una parte de mí tiene muy claro que este hombre se ha ganado a la gente gracias a un despliegue de demagogia del tamaño del CERN. Y la gente no ha dudado. Vamos a votar. Votemos a estos señores que tienen la solución para todo, no nos planteemos si es viable, solo votemos. Muy ligada a la ideología de Podemos está la respuesta que ha brotado tras la abdicación del rey.
A la gente se le llena la boca diciendo cosas como "todo para el pueblo, todo para la clase obrera", ya vemos cómo está todo el mundo con el asunto de si es mejor la monarquía o la república. No es que yo prefiera una cosa u otra, pero veo una falta de objetividad más que alarmante. La gente pide imposibles, la gente idealiza la república. La gente piensa que gracias a la república la corrupción desaparecerá, tendremos un líder súper justo que ganará al mes lo mismo que un albañil, que comerá entrecot del Mercadona todos los días y comprará la ropa en el Alcampo. Y no, vaya, no. Esto nunca va a ser así. El sentimiento de individualidad prima. Somos egoístas, aunque nos resistamos a admitirlo, nunca trabajamos por un bien común a no ser que ese bien común nos incumba. ¿No me creéis? Entonces decidme, ¿cuánta gente juega a la lotería cada año? ¿Cuántos esperan ganarse unos milloncejos, olvidarse para siempre de trabajar y desaparecer? ¡Menuda clase obrera! No es de extrañar que haya explotado el movimiento hipster: individualismo llevado al extremo y un sentimiento apolítico que prima en nuestra sociedad. ¿A qué se puede deber este nihilismo? A que la política está demasiado institucionalizada. En serio, tengo la sensación de que, sea por lo que sea, es mucho más complicada de lo que debería. La idea de política de la antigua Grecia distaba mucho de la que tenemos hoy; por aquel entonces, la política era una suerte de instinto con el que contaban los humanos en pos de asegurar el orden y la organización más pulcra y justa. No obstante, hoy en día, parece que el derecho a hacer política se reserva para unos pocos con un par de carreras y cero sentido común. Es como el que va a un chiringuito, nota que los pescaítos fritos están desaboríos y le pide al camarero cloruro sódico. Pues oye, son ganas de complicar las cosas tontamente.
Como ya he dicho, veo un gran problema en la ingenuidad de la gente. Yo creo que si volviera Hitler brotando del Hades entre una serie de columnas de fuego montando un carro de caballos negros y prometiese que ha cambiado, que ahora está hecho todo un demócrata, muchos se lo creerían y lo votarían. Acabo de caer en que esta situación no dista demasiado de lo que está ocurriendo en Europa, vaya.
¿Debería desaparecer la monarquía?
Sin ánimo a que me tiréis piedras o me tachéis de facha, diré que yo soy partidario de romper una lanza a favor de Felipe VI. Lo digo en serio. Este hombre lleva toda su vida preparándose para ocupar el cargo que ostentará en unas semanas y, por mucho que lo neguemos, la figura del rey ha resultado positiva para este país en más de una ocasión. Juancar no solo se ha dedicado a matar elefantes, que parece que a veces solo vemos lo que queremos ver, lo que nos interesa, vamos. Que la monarquía cuesta dinero, dicen. ¿No lo cuesta también un presidente? Lo que quiero decir es que la situación, haya monarquía o república, no sería tan diferente como algunos la pintan, y sinceramente, creo que ahora mismo tenemos más problemas que requieren con mayor urgencia nuestra atención.
¿Es la propuesta de Pablo Iglesias tan bonita como la pinta? Lo primero que deberíamos tener en cuenta es que su punto de vista no es una verdad incuestionable, cosa que parece pensar más de uno. No es tan seguro el hecho de que interese que el pueblo tenga tanto poder. Porque, a ver, planteémonoslo, ¿de verdad la sociedad española está preparada para asumir un rol tan importante? Alguna que otra noticia de 2010, según la cual Belén Esteban podría haber llegado a ser tercera fuerza del país vía escrutinio, nos lleva a pensar que la respuesta es un no tajante. Pese a que hay gente que sabe lo que hace y lo que dice, por desgracia no es mayoría, de ahí que toda esta serie tan bonita de argumentos pueda llegar a volverse en nuestra contra de una manera poco más que desagradable. Basta con darse una vuelta por las redes sociales, la mayoría de la gente de a pie suele ser una marioneta de su propia demagogia, la cual emplea en pro de quedar bien y ser socialmente aceptado; es entonces cuando la sociología y la psicología chocan con la política; la naturaleza humana choca con la política institucionalizada y deshumanizada de la que hablaba antes.
¿En qué se traduce, pues, la situación actual? En la magnificación del trabajo y la consecuente pérdida de interés en la cultura y la investigación científica, que, no olvidemos, son vitales para el desarrollo de nuestra especie. Basta con echar un pequeño vistazo para darnos cuenta de que la gente ha empezado a concebir estas dos disciplinas como una mera banalidad con la cual se puede hacer poco más que perder el tiempo y, sobre todo, dinero. Soy consciente de que necesitamos trabajar para ganar un sueldo gracias al cual poder vivir, de verdad, pero eso no quita que se me rompa un poco el corazón cuando veo tanta gente cuyo único fin en la vida parece ser trabajar, trabajar, trabajar y trabajar. ¿Dónde quedan las inquietudes? ¿Y esa curiosidad científica? ¿De verdad el ideal actual es concebir al ser humano como mera herramienta de producción? "Menos [...] y más trabajar", "este ni estudia ni trabaja, es un despojo, no es nadie". ¿Veis? A esto me refiero. Está tan metido en el inconsciente colectivo que muchas veces lo pensamos sin darnos cuenta de la barbaridad que estamos planteándonos. Eres lo que produces. Eres lo que vas a producir. Eres lo que has producido. ¿En serio?
¿Qué va a ocurrir a partir de ahora? ¿Qué debería ocurrir? Seguiremos basándonos en la idea de que producir es vivir, ya sin entrar en el desencadenante de esta situación, deberíamos hacer algo por empezar a replantearnos el porqué de nuestra existencia y de nuestro sistema (no es problema del sistema, sino del uso que hacemos de él). Sinceramente, pienso que el camino que hemos tomado, el que tomaremos si la propuesta de Podemos sigue adelante, así como la razón de su éxito (obviando lo quemada que está la gente con el PPSOE), será el de vanagloriar la producción. A ver, que sí, soy consciente de que estoy haciendo un resumen que hace escasa justicia a todo lo que el partido propone, pero tengo la sensación de que, tarde o temprano, la voluntad del pueblo llevará a lo que él quiere, pero no a lo que necesita. Sencillamente porque no sabemos ni lo que queremos ni lo que necesitamos.
Pero eh, ¡que faltan dos días para el Mundial!
martes, 10 de junio de 2014
Tengo hipo
En realidad no, no tengo hipo. Puede que lo tenga mientras lees esto, pero lo más probable es que no. Aunque quién sabe. Pero nada, nada que ver con el sentido oculto que he querido dar al título de la entrada. Es que soy muy fan de las cosas crípticas, lo siento. Para no complicar demasiado las cosas, voy a dejar bien claro desde el principio que la hipocresía va a ocupar el rol principal de lo que pienso tratar a continuación. Sí, hijos míos, sí, esa palabra que tan de moda está desde hace ya unos años y que, llevando la contraria al propio concepto de "moda", parece bastante reticente a marcharse.
Antes que nada, quiero aclarar que hipocresía ha habido y habrá siempre. Que ahora la gente le tenga especial tirria no quiere decir nada, pero eh, todos. Todos somos hipócritas. En mayor o menor medida, pero todos lo somos. Ahora bien, considero que lo oportuno sería molestarse en analizar qué es la hipocresía en sí.
En realidad, yo creo que el asunto va por otros derroteros. Creo firmemente que el alza de la hipocresía no es ni más ni menos que el crecimiento de nuestra intolerancia a la misma; muestra directa o indirecta de que, probablemente, el ser humano está volviéndose más y más débil con el paso de los años.
Antes de nada, ¿qué somos? humanos, correcto. Doy por hecho que habéis contestado con un ademán de grandilocuencia. ¿Y qué son los humanos? Animales, ¿verdad? Bien. ¿Por qué el señor de la tercera fila se está poniendo rojo? Va a estallar de un momento a otro, traigan a un médico. Va, va, va.
No os preocupéis, es que hay muchos que no son capaces de digerirlo. Nunca mejor dicho.
Esta última tontería tiene explicación, lo prometo. Y lo siento, pero sí, voy a hablar de veganos.
Para quien no lo sepa, un vegano no es un vegetariano. Digamos que esta primera es la versión jarcor de la última. Un vegano no solo no come carne, sino que no consume absolutamente nada que sea de origen animal, como huevos, leche, queso... bien. Para evitar linchamientos innecesarios, quiero decir que no estoy en contra de que la gente sea vegana. Por mí, como si comen vigas, me da exactamente igual. Pero hace relativamente poco empecé a encontrarme con los ultras de este colectivo, los que directamente tachan de criminal a aquel que no comparte su costumbre gastronómica.
Digamos que esta gente retrata a los que comen carne como seres sin ética, que alimentan a sus hijos con pútridos cadáveres de pobres animalitos inocentes víctima de la infinita maldad del ser humano. Porque sí, somos lo peor, somos una casta repugnante de seres cuyo único propósito en la vida es destruir todo cuanto le rodea. Lo cierto es que esta creencia no solo se limita a los veganos, pero ya hablaré de ello más tarde.
Como bien decía, damos asco. Recuerdo el comentario de una persona que, pese a lo dantescos que eran los mataderos (concebidos como salas de tortura que ni las de la inquisición, oigan), decía que respetaba que otros comieran carne, pero a su vez acababa su discurso alegando que él dormía con la conciencia tranquila todas las noches. A mí, amigos, esto me desconcertó como me han desconcertado pocas cosas a lo largo de mi no demasiado larga vida. Os pido reflexión. ¿Acaba de tildarse él mismo de cobarde? La respuesta es sí. Lo que yo leo aquí, básicamente, es que la solución a la "tortura" de los animales en los mataderos es ignorarla. Así es, ignorarla. Dicen dormir con la conciencia tranquila, pero, irónicamente, lo único que hacen es ignorar esos "asesinatos" y seguir viviendo como si no pasara nada. Ni más ni menos. Que duerme divinamente, pero la inquisición sigue ahí, oiga. Mi detector de pseudoprogres está bailando un chotis ahora mismo.
Si os preguntáis a qué se debe mi teoría de que el ser humano se está volviendo un enclenque, yo os contesto que ya os he dado la respuesta. Es algo que nos ha pasado a todos en general; mientras que nuestros ancestros cazaban con sus propias manos, nosotros no somos capaces de ver a una cabra dar un traspié sin echarnos a llorar. Y lo dice alguien que adora a su gata. Está bien que amemos y ayudemos a los animales, sí, tienen tanto derecho a vivir como nosotros, pero no debemos olvidar que el mundo es un juego de supervivencia donde persiste el más fuerte, y que, creo yo, bajo ningún concepto deberíamos olvidar nuestro sitio en este planeta. Porque, qué queréis que os diga, yo interpreto la posición de estos ultraveganos como una suerte de manifiesto de su presencia metabiológica, que está por encima de la propia naturaleza hasta el punto que puede llegar a decidir por los demás si somos herbívoros o qué. A fin de cuentas, el complejo de superioridad normalmente viene acompañado de una inseguridad mal disimulada. Algo que he dicho yo mil veces: expónle tus derechos a un león cuando se disponga a hincarte el diente, que te vas a reír. No voy a alegar asuntos relacionados con que si algo da proteínas o no, que si el tofu es la panacea o un omnielixir, porque no soy biólogo ni nutricionista; pero lo que sí que puedo decir es que si a mí me sale de los huevos comerme un Whopper, lo voy a hacer. Y no por ello soy un criminal. Me parecen palabras mayores y creo con firmeza que eso ya cruza el nivel de lo tolerable.
Antes que nada, quiero aclarar que hipocresía ha habido y habrá siempre. Que ahora la gente le tenga especial tirria no quiere decir nada, pero eh, todos. Todos somos hipócritas. En mayor o menor medida, pero todos lo somos. Ahora bien, considero que lo oportuno sería molestarse en analizar qué es la hipocresía en sí.
En realidad, yo creo que el asunto va por otros derroteros. Creo firmemente que el alza de la hipocresía no es ni más ni menos que el crecimiento de nuestra intolerancia a la misma; muestra directa o indirecta de que, probablemente, el ser humano está volviéndose más y más débil con el paso de los años.
Antes de nada, ¿qué somos? humanos, correcto. Doy por hecho que habéis contestado con un ademán de grandilocuencia. ¿Y qué son los humanos? Animales, ¿verdad? Bien. ¿Por qué el señor de la tercera fila se está poniendo rojo? Va a estallar de un momento a otro, traigan a un médico. Va, va, va.
No os preocupéis, es que hay muchos que no son capaces de digerirlo. Nunca mejor dicho.
Esta última tontería tiene explicación, lo prometo. Y lo siento, pero sí, voy a hablar de veganos.
Para quien no lo sepa, un vegano no es un vegetariano. Digamos que esta primera es la versión jarcor de la última. Un vegano no solo no come carne, sino que no consume absolutamente nada que sea de origen animal, como huevos, leche, queso... bien. Para evitar linchamientos innecesarios, quiero decir que no estoy en contra de que la gente sea vegana. Por mí, como si comen vigas, me da exactamente igual. Pero hace relativamente poco empecé a encontrarme con los ultras de este colectivo, los que directamente tachan de criminal a aquel que no comparte su costumbre gastronómica.
Digamos que esta gente retrata a los que comen carne como seres sin ética, que alimentan a sus hijos con pútridos cadáveres de pobres animalitos inocentes víctima de la infinita maldad del ser humano. Porque sí, somos lo peor, somos una casta repugnante de seres cuyo único propósito en la vida es destruir todo cuanto le rodea. Lo cierto es que esta creencia no solo se limita a los veganos, pero ya hablaré de ello más tarde.
Como bien decía, damos asco. Recuerdo el comentario de una persona que, pese a lo dantescos que eran los mataderos (concebidos como salas de tortura que ni las de la inquisición, oigan), decía que respetaba que otros comieran carne, pero a su vez acababa su discurso alegando que él dormía con la conciencia tranquila todas las noches. A mí, amigos, esto me desconcertó como me han desconcertado pocas cosas a lo largo de mi no demasiado larga vida. Os pido reflexión. ¿Acaba de tildarse él mismo de cobarde? La respuesta es sí. Lo que yo leo aquí, básicamente, es que la solución a la "tortura" de los animales en los mataderos es ignorarla. Así es, ignorarla. Dicen dormir con la conciencia tranquila, pero, irónicamente, lo único que hacen es ignorar esos "asesinatos" y seguir viviendo como si no pasara nada. Ni más ni menos. Que duerme divinamente, pero la inquisición sigue ahí, oiga. Mi detector de pseudoprogres está bailando un chotis ahora mismo.
Si os preguntáis a qué se debe mi teoría de que el ser humano se está volviendo un enclenque, yo os contesto que ya os he dado la respuesta. Es algo que nos ha pasado a todos en general; mientras que nuestros ancestros cazaban con sus propias manos, nosotros no somos capaces de ver a una cabra dar un traspié sin echarnos a llorar. Y lo dice alguien que adora a su gata. Está bien que amemos y ayudemos a los animales, sí, tienen tanto derecho a vivir como nosotros, pero no debemos olvidar que el mundo es un juego de supervivencia donde persiste el más fuerte, y que, creo yo, bajo ningún concepto deberíamos olvidar nuestro sitio en este planeta. Porque, qué queréis que os diga, yo interpreto la posición de estos ultraveganos como una suerte de manifiesto de su presencia metabiológica, que está por encima de la propia naturaleza hasta el punto que puede llegar a decidir por los demás si somos herbívoros o qué. A fin de cuentas, el complejo de superioridad normalmente viene acompañado de una inseguridad mal disimulada. Algo que he dicho yo mil veces: expónle tus derechos a un león cuando se disponga a hincarte el diente, que te vas a reír. No voy a alegar asuntos relacionados con que si algo da proteínas o no, que si el tofu es la panacea o un omnielixir, porque no soy biólogo ni nutricionista; pero lo que sí que puedo decir es que si a mí me sale de los huevos comerme un Whopper, lo voy a hacer. Y no por ello soy un criminal. Me parecen palabras mayores y creo con firmeza que eso ya cruza el nivel de lo tolerable.
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