En realidad no, no tengo hipo. Puede que lo tenga mientras lees esto, pero lo más probable es que no. Aunque quién sabe. Pero nada, nada que ver con el sentido oculto que he querido dar al título de la entrada. Es que soy muy fan de las cosas crípticas, lo siento. Para no complicar demasiado las cosas, voy a dejar bien claro desde el principio que la hipocresía va a ocupar el rol principal de lo que pienso tratar a continuación. Sí, hijos míos, sí, esa palabra que tan de moda está desde hace ya unos años y que, llevando la contraria al propio concepto de "moda", parece bastante reticente a marcharse.
Antes que nada, quiero aclarar que hipocresía ha habido y habrá siempre. Que ahora la gente le tenga especial tirria no quiere decir nada, pero eh, todos. Todos somos hipócritas. En mayor o menor medida, pero todos lo somos. Ahora bien, considero que lo oportuno sería molestarse en analizar qué es la hipocresía en sí.
En realidad, yo creo que el asunto va por otros derroteros. Creo firmemente que el alza de la hipocresía no es ni más ni menos que el crecimiento de nuestra intolerancia a la misma; muestra directa o indirecta de que, probablemente, el ser humano está volviéndose más y más débil con el paso de los años.
Antes de nada, ¿qué somos? humanos, correcto. Doy por hecho que habéis contestado con un ademán de grandilocuencia. ¿Y qué son los humanos? Animales, ¿verdad? Bien. ¿Por qué el señor de la tercera fila se está poniendo rojo? Va a estallar de un momento a otro, traigan a un médico. Va, va, va.
No os preocupéis, es que hay muchos que no son capaces de digerirlo. Nunca mejor dicho.
Esta última tontería tiene explicación, lo prometo. Y lo siento, pero sí, voy a hablar de veganos.
Para quien no lo sepa, un vegano no es un vegetariano. Digamos que esta primera es la versión jarcor de la última. Un vegano no solo no come carne, sino que no consume absolutamente nada que sea de origen animal, como huevos, leche, queso... bien. Para evitar linchamientos innecesarios, quiero decir que no estoy en contra de que la gente sea vegana. Por mí, como si comen vigas, me da exactamente igual. Pero hace relativamente poco empecé a encontrarme con los ultras de este colectivo, los que directamente tachan de criminal a aquel que no comparte su costumbre gastronómica.
Digamos que esta gente retrata a los que comen carne como seres sin ética, que alimentan a sus hijos con pútridos cadáveres de pobres animalitos inocentes víctima de la infinita maldad del ser humano. Porque sí, somos lo peor, somos una casta repugnante de seres cuyo único propósito en la vida es destruir todo cuanto le rodea. Lo cierto es que esta creencia no solo se limita a los veganos, pero ya hablaré de ello más tarde.
Como bien decía, damos asco. Recuerdo el comentario de una persona que, pese a lo dantescos que eran los mataderos (concebidos como salas de tortura que ni las de la inquisición, oigan), decía que respetaba que otros comieran carne, pero a su vez acababa su discurso alegando que él dormía con la conciencia tranquila todas las noches. A mí, amigos, esto me desconcertó como me han desconcertado pocas cosas a lo largo de mi no demasiado larga vida. Os pido reflexión. ¿Acaba de tildarse él mismo de cobarde? La respuesta es sí. Lo que yo leo aquí, básicamente, es que la solución a la "tortura" de los animales en los mataderos es ignorarla. Así es, ignorarla. Dicen dormir con la conciencia tranquila, pero, irónicamente, lo único que hacen es ignorar esos "asesinatos" y seguir viviendo como si no pasara nada. Ni más ni menos. Que duerme divinamente, pero la inquisición sigue ahí, oiga. Mi detector de pseudoprogres está bailando un chotis ahora mismo.
Si os preguntáis a qué se debe mi teoría de que el ser humano se está volviendo un enclenque, yo os contesto que ya os he dado la respuesta. Es algo que nos ha pasado a todos en general; mientras que nuestros ancestros cazaban con sus propias manos, nosotros no somos capaces de ver a una cabra dar un traspié sin echarnos a llorar. Y lo dice alguien que adora a su gata. Está bien que amemos y ayudemos a los animales, sí, tienen tanto derecho a vivir como nosotros, pero no debemos olvidar que el mundo es un juego de supervivencia donde persiste el más fuerte, y que, creo yo, bajo ningún concepto deberíamos olvidar nuestro sitio en este planeta. Porque, qué queréis que os diga, yo interpreto la posición de estos ultraveganos como una suerte de manifiesto de su presencia metabiológica, que está por encima de la propia naturaleza hasta el punto que puede llegar a decidir por los demás si somos herbívoros o qué. A fin de cuentas, el complejo de superioridad normalmente viene acompañado de una inseguridad mal disimulada. Algo que he dicho yo mil veces: expónle tus derechos a un león cuando se disponga a hincarte el diente, que te vas a reír. No voy a alegar asuntos relacionados con que si algo da proteínas o no, que si el tofu es la panacea o un omnielixir, porque no soy biólogo ni nutricionista; pero lo que sí que puedo decir es que si a mí me sale de los huevos comerme un Whopper, lo voy a hacer. Y no por ello soy un criminal. Me parecen palabras mayores y creo con firmeza que eso ya cruza el nivel de lo tolerable.
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