miércoles, 5 de marzo de 2014

Reseña (ahora sí) de "2001: Una odisea en el espacio"

Aviso: esta entrada contiene spoilers. Si no has visto la película, te recomiendo que lo hagas hoy mismo. Vale la pena, lo prometo.
Aclaro que si está escrito de forma impropia para un blog es porque esto no es una entrada normal, sino un trabajo para clase que he decidido subir aquí también y, de este modo, ahorrarme tener que actualizar con una entrada hecha adrede para el blog. Está mal que yo lo diga, pero soy más listo que el hambre.


En la primera de las subtramas en las que se divide la película, se muestra al humano primitivo, presumiblemente durante el estadio del Australopithecus. Aquí se muestra al humano como un ser completamente animal, sin nada que le distinga del resto de seres salvajes con los que comparte algunas escenas. En algún momento, se muestra cómo existe una rivalidad entre dos grupos de estos homínidos.
Durante una escena en la cual una tribu de Australopithecus duerme sobre un terreno yermo, un coro enarmónico de enigmáticas voces comienza a hacer acto de presencia y uno de estos homínidos se despierta. Ante él se encuentra un extraño monolito negro azabache, alzándose imponente. Conforme se acerca, aumenta el volumen de las voces de los coros, inspirando inquietud y, en cierto modo, miedo. Consigue transmitir muy bien el miedo a lo desconocido y la curiosidad del homínido que se atreve a tocar el monolito. Tras comprobar que no ocurre nada malo, el resto de la manada decide imitarlo y todos acaban tocando este monolito con sus manos. Poco después de tener lugar este hecho, el ser humano primitivo descubre la eficacia de las armas.
¿Qué es, pues, este monolito?
La primera posibilidad que se puede barajar es que éste sea una representación simbólica de la evolución, de ese resorte que en algún momento se activa y hace que los procesos cognitivos del ser humano suban de nivel y se adquieran con ello nuevos axiomas y patrones de conducta.
Otra posible interpretación es que éste represente a Dios haciendo, desde su omnipotencia, evolucionar al ser humano y moldeándolo a su vez de manera que éste vaya creciendo conforme a su imagen y semejanza. A pesar de que la teoría de la evolución de Darwin y la narración bíblica correspondiente al origen de la humanidad no casan, tal vez la película plasmara el punto de vista de Kubrick ante las semejanzas y diferencias de estas dos interpretaciones del despertar de la humanidad en el humano.
No obstante, la teoría que más se adapta al planteamiento de Kubrick de esta cinta es  la que defiende que este monolito es un artefacto de origen extraterrestre destinado a la supervisión de la raza humana y a servir como guía en la evolución de ésta, siendo la vida humana un acontecimiento planeado con antelación y puesto en práctica por seres muy avanzados tecnológica e ideológicamente. Este monolito sería una herramienta que actuaría de intermediario entre los extraterrestres y los humanos, ya que, debido a la diferencia intelectual tan abismal, no habría otra manera posible de hacer que éstos pudieran establecer contacto.
De esta manera, se podría constatar que la aparición del monolito simboliza un paso más en la evolución del ser humano.

En el segundo acto, se nos muestra la hipotética sociedad del año 2001. En ningún momento se muestra alguna instalación del planeta Tierra, salvo lo que puede intuirse en las videoconferencias o los mensajes de vídeo.
La calidad de los efectos especiales resulta sorprendente considerando el año en el cual se rodó la película, así como la desbordante imaginación de Kubrick a la hora de describir un entorno puramente confeccionado gracias a la ingeniería aeroespacial que, por aquel entonces, si bien se estaba convirtiendo en un fenómeno social que alcanzaría su culmen al año siguiente por el alunizaje del Apolo XIII, podía ser considerado un misterio para personas no familiarizadas con el ámbito en cuestión.
Al final de este acto, se nos presenta una escena que se antoja familiar: de nuevo un monolito, esta vez hallado bajo la superficie lunar, y un grupo de humanos acercándose con curiosidad, así como con algo de vacilación, al misterioso artefacto.
¿Quiere esto decir, pues, que el ser humano está listo para dar un paso más en su evolución? En efecto.
Dieciocho meses después, tendrá lugar una expedición espacial en la cual se nos presenta a HAL9000, un robot dotado de inteligencia artificial que hará las veces de gran cerebro de la nave, así como de máximo responsable del óptimo funcionamiento de la misma.

En esta parte de la película, que podríamos considerar el tercer acto, cobra gran importancia la figura de HAL9000, o simplemente HAL (leído con pronunciación anglosajona). Es aquí donde la cinta adquiere su cariz más filosófico en lo concerniente a la evolución. Se podría considerar que un punto culmen de la evolución humana llegaría cuando los seres humanos fueran capaces de crear vida. Expuesta esta tesis, se debería plantear la siguiente pregunta: ¿HAL está realmente vivo? En teoría, el hecho de ser una gran inteligencia sin cualquier tipo de agente psicomotriz no debería privarle de poder ser considerado como un ente vivo. Si pensamos en la estructura de su pensamiento, llegaríamos a la conclusión de que sus decisiones se establecen en base a la resolución de una serie de algoritmos y sus consecuentes estímulos eléctricos. Por si esta afirmación no resulta lo suficientemente familiar, profundicemos, pues, en el funcionamiento del cerebro humano. La actitud del ser humano frente a su entorno tiene una base puramente empírica, ergo éste actúa en base a una serie de patrones aprehendidos del resto de individuos y la propia naturaleza que el sistema nervioso ha decidido almacenar. Estas experiencias y sensaciones dan lugar a axiomas que conectan ideas, y estas ideas dan lugar a patrones que se extienden y se establecen gracias a lo que conocemos como cultura. Estos patrones dictan la conciencia y el modo de actuar que requiere una determinada situación, de modo que se puede establecer una relación entre este sistema de patrones con el sistema de algoritmos que emplearía una inteligencia artificial. Se podría resumir este fenómeno como un simple resorte de “acción-reacción”, empleando el recurso del condicionamiento operante, el cual se valdría del condicionamiento de recompensa, dictando lo que es bueno o malo, moral o inmoral, en base al estímulo que provoque cada acto (refuerzo positivo y refuerzo negativo). De este modo, se puede interpretar que una inteligencia artificial como HAL ya traería “incorporada de serie” información acerca de qué es lo correcto y qué no lo es, en base a los intereses de sus fabricantes. En este caso, HAL vive por y para garantizar el éxito de la misión, de modo que sus decisiones se ceñirán exclusivamente a llevar a cabo esta empresa. ¿Qué ocurre, pues, cuando HAL decide deshacerse de la tripulación humana? ¿Acaso de este modo no pone en riesgo la operación? HAL se encarga de dejar muy claro que un ordenador HAL9000 no puede cometer ningún tipo de error, de modo que, en esta ocasión, se entiende que no hubo tal error. HAL consideró que era más importante actuar en pos de preservar su funcionamiento que conservar a los tripulantes con vida. Se vio obligado a deshacerse de un agente considerado hostil que ponía en peligro la misión, ya que en un momento concreto de la cinta, Dave y su compañero confiesan entre ellos su desconfianza en HAL y hablan acerca de desconectarlo en caso de que las cosas se pusieran feas. De este modo, HAL, siendo poseedor de la capacidad de aprender a partir de estímulos y racionalizar en base a la ley de causalidad y asimilación de ideas, cambia su concepto de tripulante al siguiente:

Dave y Frank meditan desconectarme -> ponen en peligro mi funcionamiento -> eso es malo para la misión -> Frank y Dave son peligrosos -> Frank y Dave son tripulantes -> Los tripulantes son peligrosos -> Todos los tripulantes de la nave ponen en peligro la misión

De esta manera, HAL aprende que debe deshacerse del mal que suponen estos tripulantes a la hora de asegurar que se lleve a cabo dicha misión.
Cuando Dave consigue regresar a la nave y se dirige al control central para desconectar a HAL, el robot trata de manipular a Dave, intentando que éste se retracte. ¿Es esto, pues, “instinto” de supervivencia o simplemente un intento de evitar una serie de eventos que acabaría con su desconexión y el consecuente fracaso de la misión?
Durante la desconexión, HAL admite tener miedo. ¿Es otro truco para manipular a Dave? ¿O es, sin embargo, posible que HAL pueda sentir? Si se retoma la teoría de que los seres humanos funcionan mediante estímulos químicos e impulsos eléctricos, el miedo no sería más que un recurso natural que surge frente a las situaciones desconocidas o los estímulos que, por experiencia, se sabe que traen consecuencias negativas o desagradables. De este modo, lo desconocido, al existir la posibilidad de que traiga estas consecuencias nocivas, inspira miedo e indecisión. Esto haría posible, pues, que HAL pudiera, de algún modo, interpretar a su manera el miedo; de modo que HAL podría tener “su propio concepto de miedo”, teniendo en cuenta que la sensación del miedo en los seres humanos la despiertan órganos (pituitaria) que a su vez expelen compuestos químicos (adrenalina) que no poseería una computadora, HAL tendría un miedo diferente, una aversión a una serie de eventos que sería fatal para su razón de ser, pero sería complicado establecer si este nuevo miedo merecería equipararse de alguna manera al miedo humano. Asimismo, ¿podría considerarse el “miedo” de HAL a no poder cumplir su misión y fracasar un equivalente al miedo humano a la muerte? Dentro de este universo ficticio, muy posiblemente.
¿Podríamos considerar, pues, la actitud de HAL como una serie de conductas psicopáticas? No, ya que su razón de ser es diferente a la de un ser humano. HAL no está fabricado para vivir o dejar vivir, sino para completar su misión y realizar sus tareas a la perfección.
Como apunte personal, HAL tiene bien merecido su reconocimiento como uno de los mejores villanos (“villanos”, deberíamos decir tras lo previamente expuesto) de la historia del cine.
En la última parte de la cinta, Dave consigue entrar en la órbita de Júpiter, donde vuelven a aparecer los monolitos, esta vez desplazándose en el espacio. De este modo y, al parecer, debido a la acción de estos artefactos, Dave entra en un vórtice interdimensional que le otorga una serie de conocimientos imposibles de racionalizar por una mente tan “simple” como la del homo sapiens sapiens. De ahí que estos instantes de la cinta sean tan confusos y caóticos; la secuencia de luces y colores sigue un patrón, tiene un significado, pero no podemos comprenderlo porque no estamos capacitados para ello. De este modo, estos instantes finales representan un nuevo escalón en la evolución del ser humano. Dave comprende el sentido de su vida, ve sus debilidades, comprende su condición de efímero como humano y se vuelve consciente de la existencia de realidades que van más allá de lo que un mero humano puede siquiera asumir como ciertas. Dave, en representación de la raza, se vuelve consciente de sus límites, y esto provoca el nacimiento de un nuevo ser humano que se abre ante nuevas realidades y rompe el molde de lo meramente sensible y racional.

De este modo, el feto significaría el nacimiento de un nuevo ser humano imbuído de conocimiento en base a su discretísima presencia en comparación con el cosmos. Este nuevo humano empezaría a ser más consciente de que no es el centro del universo.
Desde un punto de vista más racional, el envejecimiento repentino de Dave y sus visiones pueden deberse a una intoxicación o a su propia muerte tras entrar en Júpiter, liberándolo de su prisión de carne y huesos, abriéndole así a una nueva realidad llena de posibilidades.

Stanley Kubrick deposita, de manera acertada, un especial énfasis en la fotografía en esta película. El resultado es una producción muy vistosa y muy bien confeccionada, deleitando al espectador con toda clase de elementos visuales que ayudan a transmitir y construir firmemente la historia y sus nexos conectores, además de dotarla de una belleza artística considerable.
En mi opinión, no es una película destinada al gran público. No es ninguna sorpresa que esta película apenas se haya visto en televisión; sería una apuesta muy arriesgada por parte de una cadena. Esta película es solamente apta para la gente que se hace preguntas, que ansía conocerse, saber de dónde viene, adónde va, qué clase de realidades no se pueden ver o sentir cuando somos simples humanos... tiene un trasfondo muy profundo que poca gente va a esforzarse en comprender, ya que el ser humano en sí está acostumbrado, y más en la actualidad, a que se lo den todo “masticado”.
En definitiva, y a nivel más personal, mi primer visionado de esta obra maestra es algo que no olvidaré y que ha influído en mí tanto a nivel artístico como a nivel intelectual. Creo que esta era una de las principales pretensiones de Kubrick, transmitir una forma de pensar más compleja, instar al humano a que viera más allá de cuatro paredes. A fin de cuentas, es una labor muy parecida a la que hiciera el genial Carl Sagan una década más tarde, cuyo único fin era imbuir de conocimiento la mente de las personas, y liberarlas así de la prisión de racionalismo ortodoxo a la que estaban sometidas. En pocas palabras, pretendían ampliar perspectivas, y lo consiguieron. Tanto Kubrick como Sagan consiguieron, de alguna manera, crear una nueva humanidad abierta a nuevos conocimientos y puntos de vista, dar un paso más en la perspectiva del desarrollo intelectual del ser humano tal y como, casualmente, ocurre al final de “2001”.
Quién sabe si algún monolito tuvo algo que ver...



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